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martes, 6 de diciembre de 2011

EL HOMBRE DE LA MANCHA EN LA CARA


EL HOMBRE DE LA MANCHA EN LA CARA

De esa forma tan absurda como se recuerdan las cosas, recibir una tarjeta de felicitación navideña llevó hasta mi mente la historia de aquellos tiempos.
Yo tendría poco más de ocho años y la primera vez que lo vi fue mientras bajaba las escaleras de aquel tercer piso donde entonces vivía con mi familia. Era un hombre joven, rubio, no puedo exponer su altura porque ese detalle no quedó grabado en mi mente pero sí me sorprendió la mancha de su mejilla; marrón, del tamaño de una moneda pero no redonda sino ovalada; se encontraba por debajo del ojo derecho y cubría parte de su rostro junto a la oreja. No recuerdo sus palabras aunque me habló, sólo el tacto de su mano en mi pierna como una caricia lasciva. Aquel contacto encendió en mí el sentido del peligro, ese intermitente rojo que surge sin saber por qué ni cómo pero muy útil en los momentos de riesgo y dándole una ligera patada, me aparté para seguir mi camino saltando, de dos en dos, aquellos escalones de piedra jaspeada. Luego, lo observé acechándome cerca del portal más de una vez hasta que aquel día, pude verlo degollado, tirado su cuerpo junto a la cuneta.
Digo al principio de esta historia que aquel recuerdo llegó a mí al recibo de una felicitación navideña y es que, por esos recurso extraños con los cuales la mente acostumbra a sorprendernos, la imagen de la tarjeta, o tal vez, las fechas festivas, me hicieron regresar a otras Navidades en la década de los cuarenta, momento en el que ocurrieron aquellos hechos. Entonces recibíamos muchas felicitaciones a mano. La del cartero, la del farolero, la del barrendero, la del sereno, la del basurero… Y a todos ellos se les daba un aguinaldo a cambio de la tarjeta de felicitación. Aguinaldo sí, palabra que ahora sólo existe en el diccionario porque ya nadie la usa, ya no se dan aguinaldos sólo se reciben regalos. Volviendo a mis recuerdos, entre aquellas antiguas tarjetas navideñas, recordaba con un cariño especial la del basurero. Siempre mostrando un carro pintado de verde en el que un apuesto basurero sonreía, de pie a su lado, dispuesto a recoger nuestras basuras y es que, en realidad, ese hombre existía, al menos en mi mente.
En aquellos tiempos, debíamos sacar a la calle nuestros cubos de basura y entregárselos al basurero que esperaba con su carro tirado por un caballo después de haber avisado con el toque de una trompetilla su llegada a la Plaza para realizar su cometido y yo, era la encargada de bajar el cubo, se lo entregaba al basurero que vertía su contenido en el carro y me lo devolvía vacío. Aquel hombre siempre me sonreía y me llamaba “bonica”, yo le devolvía la sonrisa y esperaba al día siguiente para volver a verlo. Ahora creo que estaba algo enamoriscada del basurero y me gustaba compararlo con el apuesto hombre de las tarjetas navideñas aunque era bastante diferente, con su boina mugrienta, su zapatillas desgastadas y un blusón azul de trabajo que siempre llevaba medio metido en el pantalón sujeto con una faja de tela roja. Cuando cumplía con esta obligación asignada, era cuando también veía al hombre de la mancha en la cara acechándome cerca del portal pero no era yo sola quien lo veía, mi amigo el basurero no le quitaba el ojo de encima y yo podía observar como cambiaba la expresión de su rostro al mirarlo, se transformaba en un odio que hacía enrojecer sus mejillas y su boca murmuraba unas palabras que jamás llegaron a mis oídos.
El día que vi degollado al hombre de la mancha en la cara también pude ver cómo, los guardias, se llevaban esposado al basurero. Me quedé estupefacta, él, al pasar por mi lado para entrar en el coche policial, me sonrió con una boca desdentada y me dijo: “Adiós, bonica”. La gente arremolinada en la calle, comentaba en susurros: “…lo ha matado él…”
El carro verde lleno de basura tirado por un caballo, se quedó solo en la Plaza. – MAGDA.

6 comentarios:

Ranita Azul dijo...

Hola, Magda, hoy paso sin ser silencio , concentrándome en otras cosas más cercanas a la familia.como hace tiempo vengo haciendo- Esos tiempos en que la niñez enmarca la vida aunque estén lejos de los años que se viven, representan un resumen más en las páginas de un buen libro.Te dejo mi admiración por tan interesante relato que estoy segura es parte de una realidad vivida, y muy bien referida, porque ya llevas ese impulso de buena narradora.

Mi cordial abrazo.

magda dijo...

Muy agradecida por tu comentario y visita. MAGDA.

MagaRl dijo...

Como siempre, entrañable... e impredecible. La mejor mezcla para crear adictos a tus letras.

Demasiado tiempo hacía ya que no dejaba huella en tus secretos...un beso Magda!

magda dijo...

Me alegra verte por aquí, querida tocaya. Ahora que he abandonado, por el momento, foros y Revistas, mis letras -que aunque yo quiera, no paran- seguirán apareciendo en mis blogs. Un beso.MAGDA

Antonio Moreno Moreno dijo...

Muy bonito el relato.

magda dijo...

Gracias Antonio, por entrar en mi blog y me alegro de que te haya gustado el relato.